Edificio Capitol, Madrid

Sin duda alguna, el Edificio Capitol puede ser considerado como el faro señalizador de la Gran Vía madrileña. Proa de un potente buque racionalista. Tótem mecánico y aerodinámico del siglo XX.

En sus 74 años de historia, el edificio del cine Capitol ha recibido encendidos elogios por parte de arquitectos y urbanistas comprometidos con la modernidad. Situado sobre un solar trapezoidal orientado en chaflán hacia la plaza del Callao, Luis Feduchi y Vicente Eced levantaron un inmueble ecléctico de curvas en retrocesión inspirado en el racionalismo de los rascacielos neoyorquinos y el expresionismo alemán en boga durante aquellos años treinta con el movimiento Bauhaus. Igual que lo fue el Flatiron en su momento, acuñado entre Broadway y la Quinta Avenida de Nueva York, el edificio Carrión (o Capítol) representó un soplo de vanguardia sobre la capital de España, tan necesitada de una regeneración inmobiliaria como lo está hoy, tras dos décadas de urbanismo cañí.

La intervención del arquitecto Rafael de la Hoz en el plan especial de aproximación,  ha salvado la fachada de una cirugía más utilitaria, el interiorismo de Josep Juan Pere y su estudio GCA Arquitectes Associats no ha podido ser más irrespetuoso con el legado de Feduchi, cuyo diseño mobiliario llegó a ser comparado en estilo y elegancia con el de Marcel Breuer, Ray y Charles Eames, Ludwig Mies van der Rohe y Le Corbusier, nada menos.

Estructura espacial y elementos materiales esfumados con la misma impunidad que lo fueron años atrás en la reforma del hotel Radisson-Sas, obra del genial Arne Jacobsen, en Copenhague. Apenas queda aquí un recuerdo de lo que fue la carpintería de acero inoxidable, el tiro de las escaleras y el patio elevado en la cuarta planta, encima del peine del cine. Lo demás es un remedo art déco con acabados deficientes, iluminación efectista -que no hollywoodiense- y un pintoresquismo atrabiliario en la cadena de pompones florales y grafismo made in Broadway.