Claustro de los Filipinos, Valladolid

El claustro de los Filipinos de Valladolid es un edificio emblemático, con una gran historia, que se caracteriza por el paso de varios arquitectos durante sus modificaciones a lo largo de los años.

En el solar que hoy ocupa el Museo Patio Herreriano, se ubicaron en los siglos XII y XIII los Reales Alcázares. En el s. XIV esta fortaleza perdió su función defensiva para convertirse en monasterio benedictino.

A finales del s. XV pudo construirse una gran iglesia para el monasterio en la que participaron algunos de los mejores arquitectos de la época, como Juan de Arandia y Rodrigo Gil de Hontañón, y a finales del s.XVI se encargó al arquitecto Juan de Ribero Rada el diseño de un nuevo y más amplio monasterio. Se trataba de un proyecto ambicioso que sólo pudo ser llevado a cabo parcialmente y que giraba en torno a tres claustros principales: entre ellos el patio procesional actual Patio Herreriano, objeto de este proyecto.

Durante mucho tiempo el Patio Herreriano fue atribuido erróneamente al arquitecto Juan de Herrera por su estilo y proporciones, inspirados en el Patio de los Evangelistas de el Escorial. Aunque no se observa a primera vista no es un patio totalmente regular, puesto que la longitud de sus lados y los ángulos de unión son desiguales. Cada lienzo está formado por dos alturas de siete arcos cada una, separados por columnas pareadas, en el cuerpo inferior toscanas y en el superior jónicas.

Finamente el Patio Herreriano alberga la sede del Museo de Arte Contemporáneo. De su extremo oeste nacen ahora las nuevas construcciones necesarias para su adaptación a museo. Los arquitectos del museo lo han restaurado de manera ejemplar, dotando al conjunto de acertadísimas intervenciones que proporcionan al recinto una austeridad y claridad compatible con su necesaria funcionalidad, motivo por el que las carpinterías de acero inoxidable, se ocultan tras los anchos pilares, reproduciendo sus contornos y arcos y aparecen grandes huecos con apertura pivotante de gran tamaño.